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Rumbo a la Isla Feliz: Trucos de vuelos, el Airbnb y un aterrizaje accidentado

📅 Febrero 2026 ✍️ Colo Viajero ⏱️ 8 min de lectura 📍 Oranjestad, Aruba
Aruba, la Isla Feliz

La primera noche en la Isla Feliz — Aruba empieza a mostrar sus cartas.

El truco de los vuelos: ida y vuelta por separado

Cuando empezamos a buscar vuelos a Aruba, el panorama era desalentador: los paquetes de ida y vuelta desde Buenos Aires rondaban los USD 1.000 por persona. Demasiado. Entonces aplicamos un truco que ya habíamos usado en otros viajes y que vale la pena conocer: buscar el ida y la vuelta por separado, como si fueran dos viajes distintos.

Así encontramos pasajes con GOL, haciendo escala en San Pablo. El precio bajó considerablemente: terminamos pagando alrededor de USD 650 por persona, un ahorro significativo respecto a los paquetes combinados. La escala en Brasil alarga el viaje, pero si tenés tiempo y el bolsillo importa, vale totalmente la pena.

La diferencia entre buscar "ida y vuelta" y buscar dos "solo ida" puede ser de cientos de dólares. Siempre vale comparar.

El día de viaje: de Aeroparque a la isla, con escalas

El Abá llevándonos a Aeroparque
El Abá llevándonos al aeropuerto, como siempre. Una tradición que no falla.

El 7 de febrero salimos desde Aeroparque a las 9 de la mañana. Como siempre, el Abá nos llevó hasta ahí — sin eso el viaje no arranca bien. Primer trámite antes de embarcar: completar la ED Card, el formulario de ingreso obligatorio para entrar a Aruba. Se puede hacer online con anticipación (recomendable) o en el aeropuerto.

Aeroparque, Buenos Aires
Aeroparque, el punto de partida. A partir de acá, todo lo que viene es descanso.

El vuelo hasta San Pablo duró unas 2 horas y media. Allí tuvimos una escala larga — tiempo suficiente para aprovechar el lounge VIP, comer algo decente y descansar. Es uno de esos beneficios que se disfrutan cuando tenés la tarjeta correcta o pagás el acceso. Ya con las pilas cargadas, subimos al vuelo final y a las 21:30 aterrizamos en Aruba.

El caos de la primera noche

Llegamos cansados pero ilusionados. Pasamos migraciones sin problemas, buscamos el auto y nos pusimos en camino hacia el departamento. Ahí empezaron los imprevistos.

Al llegar al Airbnb, no había nadie con la llave. Mandamos mensajes por WhatsApp — sin respuesta. Llamamos — nada. Estuvimos casi 40 minutos parados afuera con las valijas, cansados del viaje y sin saber qué hacer. Por suerte, llamamos a José, el del auto, que conocía a los dueños y pudo contactarlos por otro canal. La situación se resolvió, pero fue un arranque tenso.

El segundo problema de la noche llegó cuando quisimos ir a cenar. Google Maps nos marcaba un restaurante a 10 minutos. Tardamos 50 minutos. ¿La razón? Era la semana del Carnaval de Aruba, uno de los más importantes del Caribe, y las calles del centro estaban cortadas y abarrotadas de gente, carrozas y música. Hermoso para verlo, un caos para moverse. Terminamos cenando en un Wendy's — no exactamente la bienvenida caribeña que imaginábamos, pero en ese momento era lo que había.

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El Airbnb de Ana y Ochuneidi

El alojamiento lo encontramos en Airbnb: un departamento de dos ambientes en el norte de la isla, a cargo de Ana y Ochuneidi. Por 11 noches pagamos USD 1.255, lo que lo convirtió en uno de los costos más grandes del viaje, pero con razón: la isla es cara y alojarse bien marca la diferencia cuando vas con familia.

El lugar tenía todo lo necesario: cocina equipada, aire acondicionado, buena ubicación para moverse en auto. La única contra que descubrimos al llegar fue que no había agua caliente. En Aruba, con el calor que hace, no es el fin del mundo — pero después de un día largo de viaje, uno igual lo extraña.

Airbnb de Ana y Ochuneidi, Aruba
El departamento de Ana y Ochuneidi — nuestro hogar en el norte de la isla durante once noches.

El auto: GAC GS3 EMZOOM y "Peter El Venezolano"

Para movernos por la isla, alquilamos un auto. Aruba es pequeña pero sin transporte público confiable, así que el auto era casi obligatorio. Conseguimos un GAC GS3 EMZOOM por USD 495 los 11 días, gestionado a través de un contacto llamado José, que nos lo recomendó alguien conocido en la isla como "Peter El Venezolano" — esos datos que solo circulan de boca en boca y que, cuando funcionan, son oro.

El auto resultó ser una excelente inversión. Espacioso, confiable, y con él pudimos explorar todos los rincones de la isla a nuestro ritmo sin depender de nadie.

GAC GS3 EMZOOM, el auto en Aruba
El GAC GS3 EMZOOM — nuestro compañero de ruta durante once días. Una buena elección.
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El primer día de verdad: Eagle Beach

Al día siguiente todo cambió. Desayunamos en Ling and Song, un restaurante chino-arubeño con buena relación precio-calidad y muy frecuentado por locales — señal siempre positiva. Con el estómago lleno y la cabeza descansada, pusimos rumbo a la playa.

Eagle Beach apareció como en las fotos: arena blanca y fina, agua turquesa increíblemente clara, y —detalle que se agradece— palapas públicas sin costo. No hace falta pagar por estar bajo sombra ni consumir en ningún bar. Nos instalamos, sacamos el mate y pasamos horas mirando el mar sin hacer nada.

A esa altura, el Wendy's de la noche anterior ya era un chiste. Aruba empezaba a justificar su apodo de La Isla Feliz.

Eagle Beach, Aruba
Eagle Beach de mañana — arena blanca, agua quieta y casi nadie todavía.
Eagle Beach, Aruba
Instalados bajo las palapas — mate, truco y el mar turquesa de fondo. Sin apuro.
Eagle Beach, Aruba
Eagle Beach al mediodía — ese azul que no cansa aunque lo mires horas.

La primera noche en Oranjestad

Oranjestad, Aruba

Por la noche quisimos conocer el centro de Oranjestad, la capital. Estaba más tranquilo que la noche anterior (el Carnaval tenía sus propios horarios) pero varios locales seguían cerrados por la festividad. Aun así, dimos una vuelta, vimos las fachadas coloridas típicas de la arquitectura holandesa-caribeña y encontramos dónde cenar.

Renaissance Marketplace, Oranjestad de noche
El Renaissance Marketplace de noche — el lugar donde terminamos cenando y mirando el Super Bowl.

Cerramos la noche en el Renaissance Marketplace cenando en Ricardo's, mirando el Super Bowl. Cena para dos con bebidas: USD 80. No barato, pero tampoco exorbitante para los estándares de la isla. Con la panza llena y el partido de fondo, confirmamos que habíamos llegado al lugar indicado.

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