Relax, sol y amor en Porto de Galinhas
De Argentina a las aguas cálidas del Caribe brasileño. La primera aventura fuera del país como pareja.
De Argentina a las aguas cálidas de Porto de Galinhas
Después de años viajando juntos, finalmente llegó el momento de nuestra primera aventura fuera del país como pareja. A la 1 de la madrugada del 8 de febrero, dejamos nuestra casa y nos subimos a un Uber rumbo al Aeroparque Jorge Newbery, con esa mezcla de emoción y ansiedad que solo los viajes pueden generar. A las 3 AM, despegamos con Gol Aerolíneas hacia San Pablo, marcando el inicio de esta experiencia inolvidable.
En Guarulhos, mientras esperábamos la conexión a Recife, descubrimos un pequeño placer inesperado: un desayuno con baklava Mshakkalin, un postre turco con castañas de cajú y pistachos envueltos en una masa hojaldrada crujiente, que acompañamos con un café bien cargado. Viajar es también probar cosas nuevas, y este fue el primer bocado de muchos que vendrían.
Al llegar a Recife, compartimos un Uber con una familia argentina para abaratar costos y, tras un viaje ameno, llegamos al complejo Porto Atlantis, que sería nuestro hogar por los próximos días. Nos acomodamos rápidamente y salimos a almorzar: un plato abundante de filet de tilapia con papas, arroz, ensalada y porotos negros (100 BRL) que nos dejó listos para lo que más deseábamos: ¡el mar!
La primera zambullida en las aguas calmas y tibias de Porto de Galinhas fue todo lo que habíamos soñado. El sol brillaba sobre la arena blanca, y la tranquilidad del agua nos envolvía en una sensación de pura felicidad.
Piscinas naturales, playas y la primera noche en el centro
El domingo comenzó con un despertar envidiable. Desayunamos fruta fresca en la terraza, al costado de la pileta, con vista al mar. Aprovechamos la marea baja para dirigirnos a la playa céntrica, desde donde se accede a una de las mayores maravillas de Porto de Galinhas: las piscinas naturales. Nos aventuramos mar adentro, nadando unos 200 metros hasta los arrecifes. La experiencia fue mágica: en algunas partes el agua nos llegaba a los tobillos, y en otras nos cubría hasta el pecho. Rodeados de peces de colores, flotábamos en ese mundo submarino como si fuéramos parte de él.
Para cerrar la jornada, nos fuimos al centro de Porto de Galinhas a conocer su vida nocturna. Calles iluminadas, ambiente vibrante, música en vivo y el ir y venir de turistas le daban un encanto especial. Nos dimos un gusto con un par de helados, el broche de oro del día.
Snorkel, caminata bajo la tormenta y la maravilla de Muro Alto
El tercer día tomamos un Uber (17 BRL) hasta Pontal de Cupe, una playa con piscinas naturales muy cerca de la costa. Equipados con nuestra GoPro, nos sumergimos en el agua cristalina para hacer snorkel y filmar la increíble vida marina.
A media mañana, decidimos caminar 5 km hasta Muro Alto, hogar de la piscina natural más grande de América Latina. La caminata por la arena era intensa, pero valía la pena… hasta que el clima nos jugó una sorpresa. Una tremenda tormenta nos agarró en el camino. Por suerte, logramos refugiarnos en un resort sobre la playa y cuando el cielo despejó, retomamos el camino.
Ya en Muro Alto, nos lanzamos al agua maravillados por la calma de esta inmensa piscina natural. Pasado el mediodía, la marea comenzó a subir rápidamente y para cuando terminamos de almorzar, ¡el agua ya nos llegaba hasta la reposera! En Porto de Galinhas el mar es tan cálido que en lugar de molestarnos, lo disfrutamos.
Cambio de planes, 20 km a puro caminar y un espectáculo natural
El martes, la idea original era visitar Praia dos Carneiros, pero las dificultades logísticas nos hicieron replantear el plan: los conductores de Uber exigían que contratáramos también el regreso por 300 BRL extra. Así que, fieles a nuestro espíritu viajero, decidimos cambiar de destino y caminar los 7 km hasta Pontal de Maracaípe.
El camino fue una experiencia en sí misma. Atravesamos un hermoso coqueiral de aproximadamente 1 km, un paisaje de palmeras altas y arena dorada que nos hizo sentir en una postal del Caribe.
Al llegar, el mar estaba bajo y avanzamos casi 300 metros mar adentro sin que el agua nos pasara de la rodilla. Nos hidratamos con agua de coco bien fría y disfrutamos de unos camarones empanados (170 BRL) mientras fuimos testigos de un fenómeno natural increíble: la marea subió y el mar y el río se unieron, creando un espectáculo pocas veces visto.
"Llegamos al departamento completamente agotados después de haber caminado 20 km en total. Pero cada paso valió la pena."
Piscinas naturales, San Valentín y últimos momentos en el paraíso
El viernes volvimos a las piscinas naturales con una marea aún más baja. Nos enteramos de un dato curioso: no está permitido meterse hasta que vuelva a subir el agua y se renueve, para proteger el ecosistema marino.
Para la cena, y como era San Valentín, decidimos celebrar en grande. Elegimos un plato exquisito: Strogonoff de camarón y pescado con molho de camarão, una combinación que cerró nuestra última noche de la mejor manera. Un helado refrescante y a dormir, listos para el último día.
El sábado nos levantamos temprano para un último rato de playa antes del check-out. Una vuelta más por el centro, algunas compras de recuerdos, almuerzo tranquilo, y a las 13 hs el Uber al aeropuerto de Recife.
"Porto de Galinhas nos regaló días de mar, sol, aventuras y paisajes impresionantes. Sin dudas, un destino que quedará para siempre en nuestra historia viajera. 📍🌍 Hasta la próxima aventura."