Ámsterdam: bicicletas, canales, fútbol y 75.000 pasos en tres días
Los canales de Ámsterdam en otoño — la postal que nunca falla.
Después de unos días increíbles en Madrid, el domingo 19 de julio de 2026 tocaba cambiar de aire y viajar hacia los Países Bajos.
Y como ya es costumbre en nuestros viajes, empezamos el día bien temprano… demasiado temprano para mi gusto. A las 4 de la mañana ya estábamos despiertos para salir desde el centro de Madrid rumbo al aeropuerto. A las 7 teníamos nuestro vuelo de Air Europa, que nos llevó a Ámsterdam en unas 2 horas y 40 minutos.
El vuelo nos costó unos €52 por persona y, una vez aterrizados, tomamos el tren que en aproximadamente 20 minutos nos dejó en Amsterdam Centraal. Y ahí comenzó nuestra aventura neerlandesa.
De vuelta a un viejo conocido: Stayokay Hostel
Desde la estación caminamos con Dani hasta el Stayokay Hostel, un lugar donde ya me había alojado el año anterior y del que había quedado muy conforme. La particularidad es que la habitación podía ser para hasta 10 personas y el baño era compartido. Para algunos puede sonar medio complicado, pero la experiencia anterior había sido muy buena y decidimos repetir.
Como todavía no era la hora del check-in, dejamos nuestras cuatro valijas en un locker por €4 en total y salimos nuevamente a recorrer la ciudad. Mientras tanto, los chicos se quedaron desayunando en Pancakes Amsterdam. Dos cafés y un pancake: €35.
Ahí tuvimos nuestra primera señal de lo que nos esperaba: comer en los lugares más turísticos de Ámsterdam puede ser realmente caro. Así que consejo de Colo Viajero: si quieren cuidar un poco el presupuesto, los supermercados son grandes aliados.
Comer en los lugares más turísticos de Ámsterdam puede ser realmente caro. Los supermercados como Albert Heijn son grandes aliados para cuidar el presupuesto.
Ámsterdam Noord y el Eye: otra cara de la ciudad
Nosotros tomamos el ferry gratuito desde Amsterdam Centraal hacia Amsterdam Noord. Sí, gratuito. Y ya el viaje en sí es una experiencia muy linda porque permite disfrutar otra perspectiva de la ciudad.
Nuestra primera parada fue el Eye Filmmuseum, uno de los edificios más reconocibles de esta zona. El Eye es el museo nacional del cine de los Países Bajos. Además de tener exposiciones relacionadas con el mundo cinematográfico, el edificio en sí ya merece una visita por su arquitectura moderna y por las vistas hacia el centro de Ámsterdam.
Izq: uno de los edificios modernos de Amsterdam-Noord · Der: el Eye Filmmuseum, con su arquitectura imposible.
Después simplemente nos dedicamos a caminar. Y ahí apareció otra de las cosas que más nos gusta de esta ciudad: el espacio público. Gente pescando, personas disfrutando de los espacios verdes, embarcaciones pasando por los canales y compuertas que se abrían y cerraban para permitirles el paso.
Y, obviamente… bicicletas. Bicicletas por todos lados. Ámsterdam es una ciudad donde la bicicleta realmente forma parte de la vida cotidiana. No es simplemente algo que usan los turistas: es el medio de transporte de muchísima gente.
Para almorzar hicimos algo que terminaríamos haciendo varias veces durante el viaje: compramos unos sandwiches en Albert Heijn, la famosa cadena de supermercados neerlandesa, y comimos al aire libre. Mucho más económico que los €35 del desayuno.
Un free tour que nos quedó debiendo un poco
Después de volver al hostel hicimos el check-in, dejamos nuestras cosas y descansamos un rato. A las 17 teníamos reservado un free tour por la ciudad.
La guía era María, una argentina, y si bien siempre nos gusta hacer este tipo de recorridos para tener una primera aproximación al lugar, esta vez la experiencia fue un poco floja. Esperábamos encontrar mucha más historia de Ámsterdam y conocer detalles sobre los lugares que íbamos recorriendo, pero gran parte del recorrido estuvo más enfocado en restaurantes y recomendaciones para comer.
Obviamente esto es totalmente subjetivo y quizás a otra persona le resulte interesante, pero nosotros sentimos que nos faltó un poco más de historia. Al terminar compramos unas pizzas y nos las llevamos al hostel. Pero la noche todavía tenía una misión especial.
Argentina vs. España: fútbol en Ámsterdam
Cerca de las 21 salimos rumbo al Ibiza Lounge, donde ya teníamos reservada nuestra entrada desde Argentina. Nos había costado €9 por persona. ¿El motivo? Ver junto a un enorme grupo de argentinos la final del Mundial de fútbol entre Argentina y España.
Y acá la cosa se puso bastante argentina. El lugar terminó siendo muchísimo más chico de lo que esperábamos para la cantidad de gente que había. Terminamos viendo el partido sentados en el piso, bastante apretados y rodeados de argentinos.
El resultado no fue el que queríamos, obviamente, pero el clima fue espectacular. Gritos, nervios, cantos y esa sensación tan particular de compartir un partido de la Selección estando a miles de kilómetros de casa. Aunque perdimos, la pasamos realmente muy bien.
Después de un día que había comenzado a las 4 de la mañana y en el que habíamos superado los 24.000 pasos, estábamos destruidos. A dormir.
Segundo día: canales, mercados y el Barrio Rojo
Al día siguiente nos levantamos un poco más tarde… aunque no demasiado. Dani y Lu tenían programada la visita a la Casa de Ana Frank, así que mientras ellas hacían ese recorrido, con Agus aprovechamos para caminar por la ciudad.
Visitamos algunas iglesias y recorrimos una de las zonas más lindas de Ámsterdam: las 9 Calles.
Las 9 Calles: una postal de Ámsterdam
Las Negen Straatjes, o "Nueve Calles", son nueve pequeñas calles ubicadas en pleno centro histórico, entre los principales canales de Ámsterdam. Es una zona preciosa para caminar, con casas tradicionales, puentes, pequeños cafés, tiendas, restaurantes y negocios de todo tipo.
No hace falta tener un objetivo concreto. Lo mejor es simplemente caminar y mirar. Porque en Ámsterdam muchas veces el atractivo está justamente en eso: doblar una esquina y encontrarte con una postal.
Albert Cuypmarkt: comer rico y caminar un poco más
Pasado el mediodía nos tomamos un Uber que nos costó unos €10 y fuimos hasta Albert Cuypmarkt. Es uno de los mercados callejeros más conocidos de Ámsterdam y funciona en plena calle, en el barrio De Pijp. Hay puestos de comida, ropa, frutas, quesos, souvenirs y todo tipo de productos.
Nosotros, obviamente, fuimos directo a la comida. Almorzamos en un puesto de comida griega y seguimos recorriendo. Después emprendimos el regreso caminando. Porque aparentemente todavía no habíamos entendido que ya estábamos acumulando una cantidad absurda de pasos.
Flores, mercados y unos merecidos mates
Durante la caminata pasamos por el famoso mercado flotante de flores, el Bloemenmarkt. Es uno de los lugares más tradicionales de Ámsterdam y está ubicado sobre el canal Singel. Los puestos están instalados en estructuras flotantes y se pueden encontrar todo tipo de flores, bulbos y souvenirs relacionados con la famosa tradición floral de los Países Bajos.
También visitamos la feria de Waterlooplein, otro mercado muy conocido de la ciudad, donde se pueden encontrar desde ropa vintage hasta objetos usados, antigüedades y cosas bastante curiosas.
A esta altura Lu ya no daba más. Y había una buena razón: hacía apenas un mes se había operado del tobillo. Así que volvimos al hostel y tuvimos uno de esos momentos simples que también forman parte de nuestros viajes: unos buenos mates para recuperar energía.
El Barrio Rojo: una experiencia muy extraña
Más tarde, con Dani salimos a comprar la cena y volvimos al hostel para comer con los chicos. Después de cenar, salimos los cuatro juntos a recorrer el famoso Barrio Rojo.
Y sí… es una experiencia bastante extraña. Por más que hayas visto fotos, videos o documentales, estar ahí caminando es completamente diferente. Las famosas vitrinas, las luces rojas, los canales, los turistas caminando de un lado para otro y la mezcla de bares, restaurantes y negocios hacen que sea un lugar difícil de comparar con cualquier otro.
No voy a decir que nos encantó, pero sí que fue una experiencia que había que vivir para entender.
Las luces rojas, los canales y los turistas de un lado para otro — un lugar difícil de comparar con cualquier otro.
Después de semejante día, nuevamente estábamos liquidados. ¿Los pasos? 25.000. Sí, otro récord.
Nuestro último día en los Países Bajos lo dedicamos casi por completo a una excursión: Zaanse Schans, el pueblo de los molinos de viento. Esa historia —quesos, zuecos y molinos funcionando— tiene artículo propio. Acá retomamos justo donde la dejamos: de vuelta en Ámsterdam, con pocas horas para cerrar el viaje.
Últimas horas en Ámsterdam
Ya con pocas horas disponibles, nos propusimos recorrer varios lugares que habíamos dejado para el final.
La biblioteca y una vista espectacular
Visitamos la biblioteca pública de Ámsterdam y subimos hasta el séptimo piso. Desde arriba se puede disfrutar de una hermosa vista panorámica de la ciudad. Y lo mejor es que la entrada es gratuita.
Otro de esos lugares que quizás no aparecen entre los primeros puestos de las guías turísticas, pero que vale muchísimo la pena conocer.
El templo budista
También visitamos el templo budista Fo Guang Shan He Hua, ubicado en pleno barrio chino de Ámsterdam. Es un templo budista tradicional chino y llama muchísimo la atención porque aparece prácticamente de golpe entre los edificios y comercios de una de las zonas más céntricas de la ciudad.
Es un pequeño oasis de tranquilidad en medio del movimiento de Ámsterdam.
El techo del Fo Guang Shan He Hua — un oasis chino que aparece de golpe entre los edificios del centro.
Begijnhof: un rincón lleno de historia
Otro de los lugares que visitamos fue el Begijnhof, uno de los rincones más especiales de la ciudad. Se trata de un antiguo patio interior donde vivían las beguinas, mujeres que llevaban una vida religiosa comunitaria pero que, a diferencia de las monjas, no necesariamente hacían votos permanentes.
El lugar tiene siglos de historia y conserva casas tradicionales y una tranquilidad que contrasta muchísimo con el movimiento de las calles que lo rodean. Entrar ahí es como atravesar una puerta y dejar atrás el ruido de la ciudad.
Y, por supuesto... chocolate
No podíamos irnos sin visitar la fábrica/tienda de Tony's Chocolonely, una marca neerlandesa de chocolates muy conocida. Después de tantos kilómetros caminados, era prácticamente una obligación terminar el recorrido con algo dulce.
Y llegó la hora de despedirnos de Ámsterdam
Volvimos al hostel, jugamos un rato al Catan, cenamos y nos fuimos a dormir temprano. Porque la aventura todavía continuaba. A la mañana siguiente teníamos que estar listos para tomar el tren de las 6:30 rumbo a Berlín.
Ámsterdam nos dejó muchísimas cosas: canales, bicicletas, mercados, molinos, flores, historia, fútbol, comida… y unas cuantas decenas de miles de pasos. Si hacemos la cuenta, en solo tres días caminamos alrededor de 75.000 pasos.
¿Mucho? Sí. ¿Nos cansamos? Muchísimo. ¿Lo volveríamos a hacer? Sin ninguna duda.
Porque esa es un poco la filosofía de Colo Viajero: caminar, descubrir, equivocarse, gastar de más alguna vez, comer rico, vivir experiencias y, sobre todo, seguir acumulando historias para contar.