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Brujas y Bruselas: canales, beguinas y una capital que sorprende

📅 Mayo 2025 ✍️ Colo Viajero ⏱️ 14 min de lectura 📍 Brujas y Bruselas, Bélgica
Vista aérea de Brujas desde el Belfort — tejados rojos y la Plaza Burg

Dos días, dos ciudades: canales medievales, historia fascinante y una capital que superó las expectativas

🚂 Lunes 7: llegada a Brujas

El lunes arrancó con un viaje en tren de unos 20 minutos desde Gante (€32 ida y vuelta). Llegamos a Brujas cerca de las 8:30 de la mañana, cuando la ciudad todavía se desperezaba bajo la niebla matinal. Para hacer tiempo hasta el inicio del free tour nos sentamos en una panadería cerca de la estación a tomar un café con unas riquísimas facturas. El desayuno ideal para empezar a recorrer uno de los destinos más encantadores de Europa.

Diego posando junto al canal medieval de Brujas con edificios históricos de fondo
Los canales de Brujas. Cada puente, cada vuelta del agua, una postal diferente.

El nombre Brujas proviene del antiguo nórdico "Bryggja", que significa "puente". Así lo llamaron los comerciantes escandinavos que llegaron durante la Edad Media a esta zona atravesada por canales y pasarelas. Con el tiempo evolucionó a "Brugge" en flamenco, y de ahí al español "Brujas".

🏛️ El free tour con Unai: de la Grote Markt al Lago del Amor

El punto de encuentro era la Grote Markt, bajo la imponente silueta del Belfort, el campanario medieval que domina el centro histórico. Ese día, sin embargo, todavía estaban desmontando el montaje de la Vuelta de Flandes — la famosa carrera ciclista había pasado el día anterior — así que no pudimos disfrutar mucho de la plaza. Nuestro guía, Unai, un español de Granada con mucho carisma y pasión por la historia, nos llevó directamente a la Plaza Burg.

Plaza Burg: el corazón histórico

La Plaza Burg nos recibió con su atmósfera solemne y sus edificios cargados de siglos. Allí se encuentra el Ayuntamiento de Brujas (Stadhuis), una joya del gótico flamígero construida en 1376 — en este viaje aprendí mucho de estilos arquitectónicos —, considerada uno de los ayuntamientos más antiguos de los Países Bajos. Justo al lado se alza la Basílica de la Santa Sangre, que alberga una reliquia que según la tradición contiene un fragmento de tela con sangre de Cristo, traída desde Tierra Santa durante las Cruzadas.

Seguimos caminando por las orillas de los canales hasta el Minnewaterpark y el famoso Lago del Amor (Minnewater). A pesar del nombre romántico, la historia que le da origen no es tan feliz: según la leyenda, Minna, una joven del lugar, murió de pena al no poder casarse con su amado Stromberg. Cuando él regresó la encontró muerta y la enterró junto al lago. Hoy es uno de los rincones más tranquilos y pintorescos de Brujas.

Diego sentado de espaldas contemplando el Lago del Amor (Minnewater) en Brujas
El Lago del Amor. Una historia triste con una postal preciosa.
"Nos dijeron que en Bélgica está nublado más de 250 días al año. Ese día, el sol salió justo para nosotros."
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⛪ El Beguinario: espiritualidad, resistencia y refugio

El recorrido terminó en uno de los lugares más especiales: el Beguinario de Brujas (Begijnhof Ten Wijngaerde). Este conjunto de casas blancas organizadas alrededor de un jardín silencioso fue fundado en el siglo XIII para albergar a las beguinas: mujeres laicas que vivían en comunidad bajo votos religiosos sin llegar a ser monjas. Muchas veces viudas o solteras, eligieron una vida piadosa y autónoma en una época donde la independencia femenina era impensable.

Las casas blancas del Beguinario de Brujas entre árboles y flores
El Beguinario. Las casas blancas, el jardín en silencio. Un rincón fuera del tiempo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el beguinario volvió a cumplir un rol esencial: su estructura cerrada y apartada del bullicio lo convirtió en un refugio silencioso para quienes huían del conflicto — niños, mujeres, perseguidos políticos. Ofrecía seguridad, comida caliente y cuidados básicos en medio del caos de la ocupación alemana. Hoy lo habitan monjas benedictinas y conserva su atmósfera de recogimiento. Caminar por el beguinario es como entrar en un cuadro detenido en el tiempo.

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🍺 Cerveza medieval, orina y otras curiosidades

Entre las curiosidades históricas que descubrimos, una de las más insólitas fue el valor que tenía la orina en la Edad Media. Su alto contenido de amoníaco la volvía ideal para limpiar lana, blanquear telas y fijar tintes. También era ingrediente en la producción de pólvora, y existía incluso la figura del uroscopista: un especialista que observaba el color, el olor y la espuma de la orina — y a veces llegaba a probarla — para diagnosticar enfermedades. La orina de niños era considerada la más valiosa. Una práctica que combina ciencia primitiva y supervivencia.

Ya entrado el mediodía, almorzamos un plato bien tradicional: estofado de carne sobre papas fritas belgas, con una cerveza artesanal local de acompañamiento. La tradición cervecera belga tiene raíces medievales: cuando el agua no era segura, la cerveza se volvió una alternativa más saludable gracias al proceso de cocción y fermentación. Fueron los monjes trapenses quienes perfeccionaron las recetas. Hoy Bélgica tiene más de 1.500 variedades, muchas reconocidas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Cada una se sirve en su vaso específico, diseñado para resaltar sabor, aroma y espuma. Una experiencia que va mucho más allá de lo gastronómico.

Chocolatier Dumon en Brujas, una de las chocolaterías más famosas de la ciudad
Chocolatier Dumon. Entrar solo a mirar la vidriera es un acto de valentía.

Antes de volver compramos chocolates belgas de regalo — y algunos para nosotros también. Al notar que empezábamos a dar vueltas por los mismos lugares, regresamos a Gante y cerramos el día con una merienda de waffles y una cena sencilla de falafel en el Airbnb.

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🏙️ Martes 8: Bruselas antes del vuelo a Berlín

El martes comenzó con la despedida del departamento en Gante y el tren hacia Bruselas. La capital belga no formaba parte del itinerario original, pero como el vuelo a Berlín salía a las 18:30 desde allí, decidimos aprovechar la mañana. Lo primero: dejar las valijas en Bounce, un servicio de guardamaletas práctico que cobra €6 por bulto y te permite recorrer la ciudad con libertad.

"De todas las ciudades del viaje, Bruselas era la que menos anticipaba. A veces eso es exactamente lo que se necesita para que un lugar te sorprenda."

Y sorprendió. El tour nos llevó por la Grand Place — uno de los lugares más emblemáticos de Bélgica, con su Ayuntamiento gótico y las casas gremiales doradas que rodean la plaza —, los famosos murales de cómics que son seña de identidad de la ciudad, el Manneken Pis y su curiosa historia, el Barrio del Sablón y la imponente Catedral de Notre Dame. También subimos al Monte de las Artes para tener una vista panorámica de la ciudad que valió el desvío.

El Manneken Pis, la estatua del niño meón símbolo de Bruselas
El Manneken Pis. Pequeño, famoso y con guardarropa propio. Bruselas tiene humor.

Cerca del mediodía, una pausa para almorzar algo bien típico: carbonades flamandes, un guiso de carne cocida en cerveza negra con papas. Riquísimo cierre para un viaje por Bélgica.

Algo que me dejó pensando al recorrer Bruselas fue cómo se oculta o minimiza la figura de Leopoldo II. En el Congo se lo conoce como "el Carnicero", responsable de la muerte de más de 10 millones de personas. En Bélgica, en cambio, es recordado como "el Rey Constructor". Muy poco se habla de lo que hizo en África. Y eso, sinceramente, me molestó.

Así cerró Bélgica: tres días que no estaban del todo planeados y que terminaron siendo de los más ricos del viaje. De Gante a Brujas a Bruselas — cada ciudad con su propia identidad, su propio ritmo y sus propias historias para contar.

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