Daytona Beach: mucho más que carreras de autos
Después de varios días en Miami llegó el momento de comenzar nuestro recorrido hacia el norte de Florida. La idea inicial era detenernos en Cabo Cañaveral, pero después de recorrer un poco la zona sentimos que no era exactamente lo que estábamos buscando.
Antes de llegar a Daytona hicimos una parada en Boca Ratón, una hermosa ciudad en el condado de Palm Beach. Es un destino popular para jubilados de alto nivel económico, con impresionantes playas, campos de golf y resorts de lujo. Una imagen que me quedó grabada: un hombre metido en el mar con una máquina y unos auriculares, buscando metales. Cada vez que recuerdo Boca Ratón, esa imagen es una de las primeras que se me viene a la cabeza.
Así fue como terminamos siguiendo viaje hasta Daytona Beach, una ciudad mundialmente conocida por su tradición automovilística y por albergar una de las pistas más famosas del planeta.
La sorpresa del frío
Nuestra llegada tuvo un detalle inesperado: el frío. Nosotros habíamos viajado con la idea de encontrarnos únicamente con calor, playa y bermudas. Sin embargo, apenas bajamos del auto nos dimos cuenta de que necesitábamos ropa más abrigada, por lo que la primera parada terminó siendo un local de Marshalls.
Nos alojamos en un hotel de la cadena La Quinta Inn y, después de cenar en WestWing, el restaurante de al lado, nos fuimos a descansar para aprovechar el día siguiente al máximo. Esa primera noche casi nos echan del hotel porque nos pusimos a ver una película —Hugo, con Sacha Baron Cohen— y nos reímos tanto que no podíamos parar y ya era bastante tarde.
La playa que no termina nunca
A la mañana siguiente comenzamos explorando la playa. Lo primero que me llamó la atención fue su enorme extensión: la arena parecía no terminar nunca y todo estaba increíblemente limpio y ordenado. Caminamos por el muelle observando pescadores, aves marinas y disfrutando de una tranquilidad que contrastaba bastante con el movimiento permanente de Miami Beach.
Mini golf y un Pizza Hut de la I-95
Más tarde encontramos un mini golf y terminamos jugando los 18 hoyos. Puede parecer una actividad simple, pero fue uno de esos momentos espontáneos que terminan convirtiéndose en recuerdos divertidos del viaje. Después del almuerzo en un Pizza Hut y una partida de básquet en un playground cercano, llegó la gran atracción del día.
El Daytona International Speedway
Para cualquier amante de los motores, este lugar es casi un templo. Realizamos una visita guiada que nos permitió recorrer diferentes sectores del circuito y conocer algunos detalles de la historia de una de las pistas más emblemáticas del automovilismo estadounidense.
El recorrido fue en una especie de trencito con guía. Al llegar a la pista bajamos y pudimos ver una sesión de entrenamiento de una categoría Porsche.
Durante el recorrido tuvimos la suerte de observar entrenamientos de una categoría Porsche y también acceder a sectores que normalmente solo aparecen por televisión, incluyendo la zona donde se realizan las entrevistas y ceremonias de premiación. Ver esas instalaciones de cerca —las tribunas, la pista enorme, los boxes— tiene un impacto que ninguna foto transmite del todo.
La multa en la vuelta a Miami
La vuelta a Miami venía muy tranquila hasta que llegamos a Vero Beach. Mientras manejaba, divisé a través del espejo retrovisor que un patrullero nos seguía y encendiendo las luces nos daba la orden de detenernos. Cuando bajó la oficial de policía y nos pidió que bajáramos las ventanillas, estas no bajaban: sin querer había bloqueado el botón con el codo.
La policía estaba con la mano en el arma y nosotros con las manos levantadas tratando de hacerle señas de que no funcionaban las ventanillas. Finalmente entendió y nos hizo abrir la puerta del acompañante. Nos informó que habíamos excedido el límite de velocidad en un sector en reparaciones. Fue uno de esos momentos que, cuando ya pasó, dan para reírse, pero en el instante eran puro nervio.
Más allá de la fama del autódromo, Daytona Beach me sorprendió por su combinación de playas amplias, espacios verdes y un ambiente mucho más relajado que el de otras ciudades turísticas de Florida. Fue una escala breve dentro de nuestro recorrido, pero lo suficientemente interesante como para dejar una muy buena impresión.