Madrid 2014: la recta final del Mundial de básquet 🏀
El tramo final del viaje me llevó de Sevilla a Madrid en el AVE, y me regaló fotos con la Selección, un tour por el Bernabéu y un pase VIP que ni soñaba.
Si venís siguiendo el viaje, ya leíste cómo fueron mis días en Andalucía: la llegada accidentada y la segunda parte sevillana. Ahora toca el cierre: Madrid.
🚄 Del AVE al Ibis (y una sorpresa nocturna)
Viernes 5: suena el despertador. Sí, sí, estaba de vacaciones y el despertador igual volvía a sonar. A levantarse para viajar a Madrid en el AVE. Fueron poco más de dos horas en un tren comodísimo, así que pude descansar durante el trayecto. Cerca de las 10 de la mañana ya estaba en la capital española, viajando en metro hacia el hotel Ibis, donde descansamos un rato.
De ahí fuimos al estadio a intentar conseguir entradas para el partido contra Brasil, recorrimos el centro madrileño, caminamos por la peatonal y volvimos al hotel a dormir, destruidos por el día intenso. Pero… ¡oh, sorpresa! Ya acostado y mirando Twitter, vi que la Selección iba a abrir las puertas del entrenamiento los últimos 15 minutos. Agarré la cámara y salí disparado con Agustín e Iván.
No llegamos a entrar a ver el entrenamiento, pero al terminar los jugadores salieron justo por donde estábamos parados y pude sacarme fotos con casi todos, Lamas incluido. El único que no estaba de humor era Prigioni, je. Para entonces eran casi las 24, así que cerramos la noche en Telepizza y volvimos al hotel, ahora sí, a descansar. Así terminaba la primera jornada madrileña.
Tip de viajeroSeguí en redes a los equipos y deportistas que vas a ver: muchas veces avisan entrenamientos abiertos o eventos de último momento que no figuran en ninguna guía. Esa noche, Twitter me regaló las fotos del viaje.
🛍️ Sábado: compras y el Madrid de postal
El sábado temprano pudimos comprar por internet las entradas para el partido del domingo. Después fuimos a desayunar y, en metro más colectivo, salimos rumbo al paseo de compras Parque Norte 2. Lo recorrimos en menos de dos horas, almorzamos —de nuevo en los 100 Montaditos, ya era costumbre— y nos fuimos a conocer los lugares típicos de Madrid: la Puerta del Sol, la Cibeles, la catedral, el Palacio Real y la Plaza de Oriente.
Por la noche, vuelta al hotel, un baño y a cenar a un lugar cuyo nombre, por suerte, ya me olvidé. Lo que no me olvido es que pagamos 15 euros cada uno y volvimos amargadísimos a dormir. Antes de acostarnos imprimimos las entradas, así teníamos todo listo para el día siguiente.
⚪ El Bernabéu, un picnic y el pase VIP soñado
El domingo me levanté antes que el resto, fui a un súper cercano, me compré un yogur y una banana, y desayuné en un parque muy lindo que había cerca de donde parábamos. Después volví al hotel a buscar a mis compañeros y nos fuimos a hacer el tour por el asombroso Santiago Bernabéu, el estadio del Real Madrid. De vuelta al hotel, decidimos almorzar haciendo un picnic. Los españoles nos miraban extrañados mientras sacábamos el fiambre y armábamos los sándwiches en plena calle, jaja.
Como ese día se jugaban varios partidos del Mundial, a la tarde nos quedamos en la habitación viendo algunos y preparándonos para ir a ver el Argentina – Brasil, que empezaba a las 22.
Llegamos al Palacio de los Deportes de Madrid una hora y media antes y nos encontramos con nuestros amigos tucumanos en la puerta. Mientras charlábamos, de golpe aparece Horacio Muratore, el presidente de la FIBA, que es amigo de los tucumanos, y nos da pases para acceder al VIP. Para allá fuimos: nos dieron algunos regalos y comimos y tomamos como si fuera la última cena, antes y después del partido.
En cuanto al juego, otra vez logramos sentarnos al costado de la cancha y vivimos una nueva fiesta. Esta vez el resultado no nos acompañó, pero la experiencia fue buenísima de nuevo: tanto, que la vuelta al hotel no fue con caras largas ni de casualidad. Y todavía nos quedaba un último día en Madrid.
🥙 Último día y la vuelta a casa
El lunes a las 10 ya estábamos listos para ir al centro a recorrer un poco más y hacer algunas compras. Con Poli volvimos a la catedral y a otros lugares típicos. Almorzamos en Burger y, más tarde, ya cansados de tanto caminar, paramos a tomar algo en unas mesitas de una peatonal.
A la tarde, vuelta al hotel a armar las valijas y hacer magia para que todo entrara. Después salimos a cenar unas pizzas por ahí cerca y probamos kebab de ternera y de pollo, esa comida típica árabe. Terminada la cena, directo a dormir: al otro día a las 9 teníamos que estar en Barajas para empezar la larga vuelta a Argentina.
El vuelo, por suerte, salió en horario y hasta Brasil transcurrió sin inconvenientes, más allá del aburrimiento de tantas horas sentado. Pero cuando volábamos a la altura de Florianópolis, el avión empezó a sacudirse como si estuviéramos dentro de una licuadora. Tanto, que suspendieron el servicio de la merienda. Al rato me empecé a sentir muy mal e incluso llegué a vomitar. Nada lindo.
A las 19:52, después de poco más de 12 horas de vuelo, tocamos suelo argentino. El viaje había llegado a su fin y era momento de reencontrarme con mi familia. Ahí estaban Dani, Aguas y Lu, esperándome felices, apenas se abrió la puerta corrediza después de pasar las valijas por los rayos.
🧳 El balance del viaje
El balance fue ampliamente positivo. Conocí una ciudad hermosa como Sevilla, con gente fabulosa; en los partidos la pasamos bárbaro y disfrutamos muchísimo. En Madrid también la pasé bien, aunque —siendo honesto, que para eso está este blog— es una ciudad que no me terminó de gustar demasiado. Pero el viaje en su conjunto fue de esos que no se olvidan: mi primer salto a Europa, básquet de Selección y un montón de anécdotas para contar.
Diez días, dos ciudades, un Mundial y la sensación de que recién empezaba a viajar. Spoiler: este fue el primero de muchos.