Bahía Blanca y Viedma: el inicio de la Patagonia
La colonia de loros barranqueros más grande del mundo, en los acantilados de El Cóndor
Primera parada: Bahía Blanca
A las 5 AM del domingo 19, emprendimos los poco más de 600 km rumbo a Bahía Blanca. Al comienzo, el viaje se presentó un tanto complicado por los bancos de niebla bastante espesos, aunque por suerte eran cortos y espaciados. Una vez que amaneció, cerca de las 8 AM, la niebla dejó de ser una molestia y el resto del trayecto fue fantástico.
¡Llegamos! — el cartel de entrada nos recibió después de 600 km de ruta
Luego de un par de paradas para estirar las piernas y cargar nafta, llegamos alrededor de las 13 hs. Hicimos check-in en el Hotel Santa Rosa —una noche calurosa al extremo, la calefacción central estaba tan intensa que parecía pleno verano— y salimos a recorrer la ciudad.
Parque de la Independencia y alrededores
Lo primero fue comer unos sanguchitos en el parque. Mientras almorzábamos, recorrimos una feria artesanal y nos quedamos mirando una competencia de saltos hípicos que se desarrollaba allí mismo. Después continuamos hacia el Parque de Mayo, donde merendamos y disfrutamos del paisaje.
Tarde tranquila en los parques de Bahía Blanca
La casa de Manu Ginóbili
Lo mejor del día, sin dudas, fue visitar la casa donde se crió Manu Ginóbili, el orgullo bahiense y astro del básquet mundial. También pasamos por el club Bahiense del Norte, donde Manu jugó en su infancia. Por supuesto, no faltaron las fotos.
En la puerta de la casa donde creció Manu — meta cumplida
Bahía Blanca no es solo una ciudad de paso. Es la cuna de uno de los mejores basquetbolistas de la historia, y eso se siente en cada rincón.
Cerca de las 19 hs, con el cuerpo pidiendo descanso, volvimos al hotel, cenamos algo ligero en el Bahía Blanca Plaza Shopping y nos preparamos para el día siguiente: Viedma, la capital rionegrina.
Rumbo a Viedma
Al día siguiente recorrimos los 300 km que nos separaban de Viedma con una ruta en perfectas condiciones. La entrada a la ciudad desde Carmen de Patagones fue todo un espectáculo: cruzar el puente sobre el río Negro, con sus vistas pintorescas, marcó el comienzo de una jornada para recordar.
Cruzando el puente sobre el río Negro — bienvenidos a la Patagonia
La odisea del almuerzo
Llegamos al Hotel Cristal Viedma cerca de las 14 hs y comenzamos la difícil misión de encontrar un lugar para almorzar en una ciudad que, a esa hora, prácticamente estaba "cerrada". Mientras recorríamos las calles pasamos por la manzana histórica —plaza, iglesia y el infaltable Banco Nación—. Dani le preguntó a una señora por recomendaciones: nos sugirió una parrilla en la costanera y una fonda "excelente"… que estaba completamente cerrada.
Con el hambre apretando, terminamos en un tenedor libre chino que nos supo a gloria, aunque sospecho que fue más por el hambre que por la comida en sí.
El Cóndor: loros, playa y el auto atascado
Con energía renovada, seguimos el consejo de la oficina de turismo y nos dirigimos al Balneario El Cóndor, a unos 30 km de Viedma. La primera parada fue en la zona del Pescadero, donde el río Negro se encuentra con el mar. Más adelante, bajamos con el auto a una playa permitida y nos acercamos tanto al mar que el GPS marcaba que estábamos prácticamente navegando.
Todo iba bien hasta que llegó el momento de regresar. Al intentar hacer marcha atrás, el auto quedó completamente atascado en la arena.
Así quedó el Siena — enterrado hasta las llantas en la arena patagónica
Intentamos con maderas y piedras para dar tracción, pero nada funcionaba. Apareció Luis, un amable vecino, que intentó ayudarnos sin éxito. Llamamos al 911 y llegaron dos policías en un Siena igual al nuestro… pero sin herramientas ni linga. Cuando ya estábamos al borde de llamar a una grúa —que según Luis "nos iba a arrancar la cabeza" con el costo—, hicimos un último esfuerzo: entre Luis, los policías y yo levantamos el auto a la fuerza mientras Dani, al volante, logró dar marcha atrás y liberar el vehículo. La alegría fue enorme.
La colonia de loros más grande del mundo
La siguiente parada fue la estrella del día: la colonia de loros barranqueros más grande del mundo, enclavada en los acantilados blancos de El Cóndor. Ver y escuchar a miles de loros en sus nidos excavados en la roca es un espectáculo de la naturaleza que no tiene precio.
El cartel lo dice todo — y no exagera
La costa patagónica de El Cóndor — donde el río Negro se funde con el mar
Noche en la costanera
Con el cansancio acumulado, volvimos a Viedma al atardecer y disfrutamos de un paseo nocturno por la costanera. Desde allí se puede apreciar Carmen de Patagones iluminada al otro lado del río: un cuadro realmente hermoso. El cartel de "Viedma" de la costanera, encendido de noche, cierra la jornada de la mejor manera.
Viedma de noche — desde la costanera, con el río Negro de fondo
Una cena improvisada
De regreso al hotel, planeábamos consultar el menú de la cocina, pero nos llevamos una sorpresa: los lunes, la cocinera tenía franco. Intentaron ayudarnos con el número de una rotisería, pero resultó que ya no existía. Entre risas y resignación, optamos por una cena improvisada: pan y fiambre comprados en un almacén cercano, disfrutados en la habitación del hotel.
Así cerramos nuestra experiencia en tierras rionegrinas: una jornada llena de anécdotas que recordaremos por mucho tiempo. Al día siguiente nos esperaba Puerto Madryn.
📋 Resumen del tramo
- Día 1 — Bahía Blanca: 600 km desde Buenos Aires · Parque de la Independencia · Casa de Manu Ginóbili · Hotel Santa Rosa
- Día 2 — Viedma: 300 km · Manzana histórica · Balneario El Cóndor · Auto atascado en la arena · Colonia de loros · Costanera nocturna